¿Cómo cuidarnos?

Sentimientos como la bronca o la ansiedad pueden hacer que terminemos comiendo algo que ni planeábamos comer.

¿Qué es el hambre emocional?

Sentimientos como la bronca o la ansiedad pueden hacer que terminemos comiendo algo que ni planeábamos comer.

Muchas personas recurren frecuentemente a la comida como una forma de compensar o protegerse de sentimientos o exigencias que los superan, pero se puede aprender a evitar este impulso.

Los seres humanos incorporamos alimentos en respuesta a las sensaciones de hambre y de saciedad. Pero no siempre comemos por hambre, muchas veces elegimos los alimentos pensando únicamente en el placer que nos van a producir o tal vez para tener un alivio temporal de algún problema, angustia o emoción negativa que nos impacta. Cuando la comida se utiliza para tapar nuestras emociones o impacta negativamente sobre la elección, la cantidad de alimentos y la forma de comerlos y con el tiempo se convierte en un hábito difícil de controlar, esto lo podemos definir como hambre emocional”, asegura Marcia Onzari, médica nutricionista, autora de los libros Fundamento de nutrición en el deporte y Alimentación para la actividad física y el deporte.

Emociones como el miedo, la rabia, la tristeza y la alegría pueden desencadenar el hambre emocional, que aparece de repente, a diferencia del hambre fisiológica que es progresiva. “No se elige que surja ni lo que hacemos, se come sin apetito y sin saber por qué. Además, cuando estamos saciados aparece una sensación de culpa, ya que lo que queremos llenar es algo mucho menos perceptible que no se pasa con comida. No se siente en el estómago, es más bien una sensación de querer llenarse rápidamente. En cambio, cuando se trata del proceso fisiológico, una vez saciada se deja de pensar en la comida hasta volver a sentir la necesidad real de alimentarse”, explica la nutricionista Alejandra Raichuni.

Andrés Sánchez Bodas, psicólogo y counselor, pone la atención en poder diferenciar entre el hambre emocional y la sentimental. “Los seres humanos somos sentimentales: traducimos las emociones en sentimientos, les ponemos palabras, también damos determinado valor y su influencia psíquica es mucho más importante. Por eso, una situación de hambre emocional se soluciona momentáneamente comiendo, una de hambre sentimental responde a una situación no resuelta, un conflicto psíquico, que debe ser trabajado en terapia”, aclara el profesional.

Por su parte, Pedro Grez, autor de los libros Los mitos me tienen gord@ y enferm@ y Las emociones me tienen gord@ y enferm@ (ambos de Editorial Planeta), asegura que la ansiedad de comer está gatillada por lo que desayunamos. “Si nuestra primera comida del día son hidratos y azúcares, que una vez digeridos se transforman en glucosa, luego no es que tendremos ansiedad, pero querremos volver a comer lo mismo. Entonces, hay que postergar en el día lo que nos saca de control. Hay que preguntarse: ¿por qué estoy comiendo?, ¿tengo alguna carencia? Comer tiene que ver con la energía, y el problema es que muchas personas se acostumbraron a tener siempre el estómago lleno”, cuenta este investigador.

En este sentido, hay alimentos que, por su composición, impulsan a seguir comiendo y con los que resulta mucho más difícil sentir saciedad, como las galletitas. Además, están aquellos alimentos a los que se recurre por afecto, por memoria emotiva. “Los asociamos con momentos de contención o de placer. Por ejemplo, alguien puede querer comer dulce de leche cuando padece una situación de estrés porque de pequeño su abuela le daba una cucharada cuando lloraba”, explica Lucía Ramos, nutricionista del equipo de Crenyf.

Embarazo

Los cambios hormonales impactan sobre la posibilidad de tener hambre emocional, y es por esto que durante el embarazo puede llegar a aumentar la tendencia a comer según los sentimientos. “Uno de esos cambios es la resistencia a la leptina, hormona que determina la saciedad y la que nos indica que ya estamos llenos y debemos dejar de comer. También se lo relaciona con la ansiedad que genera este hermoso estado fisiológico, y si fue un embarazo muy buscado aumentan todavía más las chances de que la mujer coma por emoción. Otro factor que puede influir es el poco descanso, lo que suele derivar en elecciones alimentarias no saludables”, advierte Julieta Lupardo, nutricionista de Halitus Instituto Médico. La especialista recomienda seguir alimentándose de forma habitual y recién, a partir del segundo trimestre, hay que incorporar 300 calorías más a las que se deberían consumir diariamente (lo que equivale a un desayuno o una merienda más).

En todas las etapas de la vida, para no caer ante los impulsos emocionales, la organización de las comidas y el orden ayuda a tomar registro antes de comenzar a comer por hambre emocional. En este sentido, no saltear comidas es clave. “También hay que saber que la actividad física es una aliada. Identificar en qué momento de nuestra vida aparece la emoción negativa y el hambre emocional y preverla con alguna caminata, una clase de baile o salir a andar en bicicleta, cualquier actividad aeróbica que cause el placer que estás buscando”, concluye Onzari.

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